en Justicia e Interior

– Fernando Ruiz Granado –

Desde hace aproximadamente un año, la Unión Europea está recibiendo todo tipo de críticas por su aparente inacción en la lucha contra el ISIS y el nuevo tipo de yihadismo que éste representa. Pasividad, falta de coordinación política o indiferencia son quizá algunos de los calificativos más empleados al respecto. Ante esta coyuntura, conviene revisar las líneas generales seguidas en el tortuoso camino de la lucha contra el terrorismo yihadista a nivel comunitario, así como la respuesta de la UE contra el autoproclamado Califato y la destacada participación de España en este proceso.

La coordinación en materia contraterrorista en el seno de la Unión se inicia relativamente tarde, a raíz de los atentados del 11 de Septiembre de 2001. La magnitud y trascendencia de estos ataques pusieron de manifiesto la seriedad de la amenaza yihadista en Occidente, lo que provocó que los Estados miembros comenzaran a explorar posibles estrategias y vías de cooperación para articular una respuesta común y proteger mejor a sus ciudadanos. Cabe destacar en este punto que, si bien el fenómeno del terrorismo era relativamente nuevo para algunos Estados, tristemente no lo era para España, que jugó un papel importante desde los inicios por este motivo.

El fruto de los esfuerzos comunitarios quedó plasmado en 2003 con la formulación de una Estrategia Europea de Seguridad (EES), también conocida como “Documento Solana” en honor a su promotor, y en 2005 con la Estrategia de la Unión Europea contra el terrorismo. En conjunto, estos documentos sentarán la bases de la respuesta de la UE contra el terrorismo yihadista en años sucesivos.

La importancia del documento del Alto Representante español trasciende hasta nuestros días por varias razones. En primer lugar, porque no ha sido alterado hasta la fecha y permanece vigente, y en segundo lugar, porque plantea una respuesta ante el terrorismo que determina todas las estrategias y medidas comunitarias posteriores. De esta manera, se describe el terrorismo como un problema de raíces estructurales y de causas múltiples y complejas. Por ello, se aboga por combatirlo con una respuesta multidisciplinar y a largo plazo, con medidas principalmente de carácter judicial, policial y de poder blando para contrarrestar y evitar la radicalización, con un componente militar casi inexistente.

Tras los funestos atentados de Madrid en 2004 y de Londres en 2005, la UE reacciona aprobando la citada Estrategia de la UE contra el Terrorismo. Siguiendo la obsoleta estructura de pilares, la estrategia se divide en cuatro áreas de trabajo que quedan al mismo nivel: “Prevenir”, “Proteger”, “Perseguir” y “Responder”. De esta manera, se plantean medidas concretas para incrementar la colaboración y la coordinación de los Estados miembros en diversos ámbitos, principalmente policiales y judiciales, así como para mejorar la protección de ciudadanos e infraestructuras, contrarrestar el proceso de radicalización “tanto en Europa como internacionalmente”[1] y coordinar de manera más efectiva la ayuda en caso de ataque entre los Estados miembros.

Posteriormente esta estrategia será actualizada y complementada con varios Planes de acción contra el Terrorismo, como el de 2007 o el de 2011, y por un ingente número de estrategias parciales, como la aprobada contra la financiación del terrorismo en 2008. No obstante, las líneas generales de actuación no varían en exceso, si bien la entrada en vigor del Tratado de Lisboa abrirá la puerta a eventuales mejoras de las capacidades en esta materia.

En resumen, la estrategia tradicional de la UE contra el terrorismo yihadista plantea una respuesta eminentemente interna y a largo plazo. Se busca contrarrestar a largo plazo las causas de la radicalización mediante programas de prevención y, a la vez, incrementar la seguridad y estrechar el cerco a los movimientos de los terroristas mediante una mayor cooperación comunitaria, especialmente en materia policial y judicial.

 

¿Cómo ha actuado la UE contra ISIS?

Cuando ISIS irrumpe en la escena internacional en verano de 2014, la amenaza varía notablemente. Nos encontramos ante un yihadismo territorial y con capacidades semiestatales. Esto les permite atraer un número sin precedentes de combatientes extranjeros, plantear una narrativa y una estrategia nuevas y, por último, ofrecer unos incentivos para sus miembros totalmente distintos a los que se proporcionaban con anterioridad.

No obstante, como podemos comprobar en La Estrategia regional para Siria, Iraq y la amenaza de Daesh, la UE no ha alterado de manera esencial los parámetros de respuesta tradicionales. Se apuesta por una aproximación a largo plazo en la que se relaciona la victoria definitiva contra ISIS con el logro de estabilidad y prosperidad en la región, poniendo un énfasis importante en las medidas de prevención de la radicalización. Para ello, la UE ha optado por apoyar los esfuerzos internacionales al respecto, desgastar las capacidades de los yihadistas y ofrecer medidas de asistencia a nivel diplomático, político, humanitario y policial a los países de la región, todo ello para tratar de dar solución a las causas profundas del problema.

Si bien estas medidas son indudablemente necesarias y loables, su aplicación depende enteramente de la actuación de otros actores sobre el terreno y no de la UE, como se reconoce en la propia estrategia[2]. Por ello, el problema de la intervención contra ISIS de la Unión no es que ésta no esté actuando, como algunos pueden percibir, sino que su estrategia no está adaptada a las nuevas características de un yihadismo territorial, militarizado y pseudoestatal como el que ISIS representa.

Consciente de esta situación, Federica Moguerini anunció hace unos meses la redacción de una nueva Estrategia Europea de Seguridad. No obstante, la escasa voluntad y las reticencias de algunos Estados miembros en estrechar lazos comunitarios en materia de seguridad y defensa pueden dar lugar a una estrategia descafeinada y parcial.

Por todo ello España, desde su madurez en el seno de las instituciones europeas y con el importante papel desempeñado durante el proceso de elaboración de la estrategia actual, debería apostar de manera decisiva por una EES más ambiciosa y coherente, que permita a la Unión plantear una respuesta actualizada y más efectiva  contra una de las principales amenazas para la seguridad de los españoles.

Fernando Ruiz Granado. Antiguo alumno Máster en Relaciones Internacionales

 

[1] CONSEJO DE LA UNIÓN EUROPEA. The European Union Counter-Terrorism Strategy. Bruselas, (2005). p. 7 Disponible en: http://register.consilium.europa.eu/doc/srv?l=EN&f=ST+14469+2005+REV+4

[2] CONSEJO DE LA UNIÓN EUROPEA. Council Conclusions on the EU regional strategy for Syria and Iraq as well as the ISIL/Da’esh Threat. (Marzo, 2015) p. 32

Recent Posts
Comments
  • jcesar
    Responder

    EUROPA EN EL DIVAN

    Cuando siguen llegando a nuestros oídos lamentables noticias de un nuevo crimen o atentado en cualquier lugar de Europa o del mundo todos nos preguntamos por las causas de lo ocurrido, lo que se hizo mal o no se hizo para que tal cosa sucediera. Como siempre también estos son días de púlpito y lamentaciones, de condenas de salón y reproches de sobremesa, de grandes discursos y declaraciones ( Jè suis Paris, Jê sui Bruxelles, je suis Nize, we are Orlando, …. Munich..), nuevos brindis al sol y viejos cantos de sirena que nada explican ni resuelven, menos aún reparan ni previenen; en refrán mas castellano, a burro muerto la cebada al rabo.

    La cuestión sigue siendo saber la causa de lo que hoy es el gran problema de Europa y del mundo; la inseguridad, el terrorismo, la corrupción y la crisis de identidad y de valores. No hay efecto sin causa ni causa sin efecto o dicho de otro modo de aquellos polvos salen estos lodos aunque los neguemos, y este como cualquier problema social o humano es suficientemente complejo como para ser tratado con conocimiento de causa e inteligencia de experto (epistemé), no de tertulianos y opinadores de farándula y espectáculo (doxóforos). Mucho me temo sin embargo que para esto es necesario prescindir de ideologías, creencias, intereses y moralinas de lo políticamente correcto (de lo que los periodistas son sus centuriones). Pero los doxóforos de la opinión son también responsables de tanta desorientación incapaces para comprender menos aún aconsejar sobre asuntos que les desbordan.

    Es evidente que algo no funciona desde hace mucho tiempo, y lo que hoy vemos como accidente solo es el resultado de un fracaso, exponente de un proceso errático y pretérito. A la ideología revolucionaria de la LIBERTE, FRATERNITÉ, EGALITE le falto siempre SECURITÉ, REALITÉ e IDENTITÉ, ya que la libertad sin identidad no produce sino disgregación, desorientación y con frecuencia decadencia. No es la libertad sino la seguridad, no es la igualdad sino la realidad, no es la fraternidad sino la identidad. Ya sabemos que la realidad se defiende mal pero tiene sus propias leyes que solo los más expertos conocen y entienden; la realidad es displaciente y terca, viaja por caminos distintos a ideologías, fantasía, creencias y sueños y cuando se presenta ya es tarde, como siempre.

    Como cualquier organismo vivo, las sociedades necesitan de cohesión estabilidad identidad y equilibrio, verdadero tejido conectivo que evite la desestructuración la la desafección y la decadencia. Hasta la sociedad más retrógrada, (hasta en un pueblo de demonios) trata de preservar su identidad, su cultura y valores como algo esencial y natural, protegiendo con ello el bien común, su estabilidad, su integridad, su propia salud y progreso, no por otras razones extrañas o de conveniencia. Una advertencia: no actuar en consecuencia a este principio no impide que otros lo hagan por uno. Los cuerpos sociales como los cuerpos físicos u orgánicos tienen sus propia física y química, sus propias leyes naturales por las que se rigen y conducen, independientemente de las leyes jurídicas o morales que se acompañen, lo que hace recomendable conocerlas (el desconocimiento de estas no exime de su cumplimiento) antes de hacer alquimia o ingeniería social de diseño. Y entre los elementos consustanciales a estos cuerpos sociales esta la identidad ética y cultural que no es identidad de raza (racismo), ni de sexo, ni de género (sexismo), ni de clase (clasismo) sino identidad ética, cultural y de valores. Hasta los más acérrimos defensores de la igualdad y la libertad que hacen negacionismo de este incontrovertible hecho se comportan y actúan bajo este mismo básico y universal principio, aunque no lo sepan. Nadie acepta o rechaza, ama u odia a nadie por su raza, su sexo, por su religión o su género, sino por su condición moral y valor ético, no por su aspecto sino por su comportamiento.

    Todo grupo o cuerpo social necesita tejido conectivo que lo mantenga unido y vivo, pudiendo seguir dos procesos distintos y antagónicos, el de identificación que aglutina y cohesiona (fusión de identidad) y el de desidentificación que disgrega y desestructura hasta romperlo (fisión de identidad); tanto la conducta delictiva o de corrupción como la criminal y terrorista responden a este último proceso.
    La realidad social y cultura europea como toda realidad se manifiesta distinta a la que ideólogos, poetas, moralistas y alquimistas sociales idearon imaginaron e hicieron creer de forma generalizada, por aquello de que preferimos el error compartido a la incertidumbre.

    Las llamadas sociedades occidentales democráticas y desarrolladas, sociedades del bienestar, de amalgama cultural y disgregación social, abrazadas a la religión revolucionaria que olvido la realité la securité y la identité, son poco equilibradas seguras y eficientes, de escasa estabilidad y difícil gobernanza. Bélgica, Francia, Alemania……como el resto de países occidentales y Europeos siguen sentadas en el diván psicoanalizándose de sus complejos de culpa sobre los males del mundo, pero mientras tanto están perdiendo la batalla de su seguridad, identidad y cultura en aras de una rancia ideología/religión y sus dogmas alentados por ideólogos, poetas, clérigos, profetas, cantantes y aficionados alquimistas con aspiración a genio, incluso místicos y sacerdotisas de los nuevos oráculos de la compasión universal que nada saben de la realidad y naturaleza de estas cosas; de este modo, lo único que une ya Europa es el islam no su cultura ni historia. Y es que una unión basada solo en intereses económicos o de mercado y no en valores de identidad éticos y culturales, duran poco tiempo.

    Una sociedad amalgamada y desestructurada, con la única identidad administrativa de superficie espectáculo y camiseta deja el camino libre a otras moralmente más fuertes y religadas que no vienen a integrarse sino a ocuparla. No importan ya las causas ni las políticas de igualdad ni de integración que se aplique en los hechos consumados porque pronto estas mismas sociedades serán la minoría que tendrá que adaptarse e integrarse a la que llego para quedarse y no al contrario. Porque la realidad social como la naturaleza de las cosas escapa a todo intento mediocre de poseerla y manejarla al antojo de ideologías, moralinas o intereses; ni responde a lo moralmente deseable ni a lo políticamente correcto, lo que no siempre se acepta ni respeta; en la mayor parte de las ocasiones esto lleva a percepciones erróneas juicios falaces y decisiones equívocas de peores consecuencias que las que se trataba dar remedio. Nada nuevo; se puede engañar a los hombres pero no a la realidad.

    Una vez más la realidad de los hechos revela la dificultad de integrar culturas y mentalidades distintas, integración más deseada que real, no por falta de voluntad ni esfuerzos ni recursos que no se hayan empleado. Los últimos acontecimientos de violencia y atentados terrorista en el seno de países europeos ponen de relieve una vez más la errónea concepción del problema y la fallida política de integración sin límites ni fronteras, alentadas por visionarios, alquimistas y falsos profetas, de ideario ideológico, religioso o mediático ( alianza de civilizaciones ) que nada saben de la química social y su naturaleza. Hoy sabemos que la violencia como la integración no se solucionan con leyes ni chorreo de millones, sino con educación y trabajo basados en principios y valores éticos y culturales comunes y sólidos que eviten la desestructuración, la disgregación y la amalgamación sociológica sin tejido conectivo y mucho tejido adiposo.

    La cuestión sigue siendo ciencia o religión, imaginación o realidad, ideología o conocimiento, doxa o epistemé; Ni la ideología ni la religión ni la economía comprenden ni explican ni resuelven la naturaleza compleja de las cosa humana, y ciertos discurso políticos, religiosos o mediáticos constituyen más un obstáculo y un inconveniente. No son sermones de púlpito ni demagogia política, ni arenga mediática, ni siquiera razones economicistas o de mercado sino simple cuestión de identidad basada en la ética de la razón más crítica y el conocimiento técnico- científico (epistemé); pero algunos científicos convertidos a la política han confundido la física inorgánica con la física orgánica y la química social.

    Ya decía Nietzsche ” Cada vez que un jurista se dedica a la ciencia abusa de la ley y cada vez que un científico se dedica a la política cierra tras él la puerta del laboratorio. En palabras de Klemperer, también en democracia se genera con frecuencia un lenguaje errático y un discurso autocomplaciente que nos exime de pensar y vivir coherentemente y nos dota de aquella dulce y engañosa seguridad que proporciona un dogma compartido.

    JCGA. 2016

Escribir un comentario

Start typing and press Enter to search