en Encuentros Digitales, España en la UE

Belén Becerril: ¿Qué debe España a la integración europea? ¿Se han cumplido esas expectativas de los políticos de la Transición que esperaban que Europa nos trajese estabilidad democrática y progreso económico? ¿Qué podemos decir 30 años después?

Emilio Lamo: Es un éxito: un éxito para Europa y un éxito para España. El propio título de este espacio, ‘30 años de España en Europa’, es problemático y explica este éxito. España siempre ha estado en Europa, España es Europa; esto es una evidencia geográfica, es una evidencia histórica, es indiscutible. Pero no lo es en términos culturales, ni en términos de identidad nacional. España se aleja de Europa probablemente a comienzos del XIX. Este alejamiento se profundiza durante el Franquismo, y en buena medida, el proyecto político español central de todo el proyecto de la Transición, hasta hace poco, se podía resumir con esa frase de Ortega: ‘España es el problema, Europa es la solución’. Es decir, nuestro gran objetivo nacional, y utilizo la palabra con toda su profundidad, ha sido europeizar España, transformar España en un país europeo más.

Yo escribí un artículo hace tiempo que se llama ‘La normalización de España’. Éramos un país exótico, raro, atrasado […], un país con una economía autárquica cuando Europa se estaba unificando, un país con una cultura tradicional, conservadora, tridentina cuando el mundo caminaba hacia la contracultura. Éramos una cosa exótica. Y estos 30 años han sido los años de la normalización, de la europeización, de transformar España en un país europeo normal.

Yo recuerdo que a comienzos de siglo el Instituto Nacional de Estadística publicó un libro de estadísticas comparando España con los países europeos, y en todas las estadísticas nos encontrábamos dentro del abanico de los países europeos. A veces arriba, a veces en medio, a veces atrás, pero dentro de ese abanico. Éramos un país europeo y normal más.

Y si me preguntas por el proyecto esencial: Europa ha sido, y España le debe eso a Europa, una máquina de estabilizar y profundizar sistemas democráticos, respeto a los derechos humanos […]. Hemos pasado de la pobreza al bienestar […] Después ha venido la crisis, pero el progreso ha sido espectacular, indiscutible. La renta per cápita se ha multiplicado. Y finalmente, la Unión Europea nos ha proporcionado seguridad  y estabilidad.

De modo que, en ese sentido, la historia de los 30 últimos años de Europa y la historia de  España dentro de Europa es una historia de éxito indiscutible. Y cuando hoy se pone en duda a Europa, a la Unión Europea, al proyecto europeo, hay que recordar este éxito enorme. El gran experimento político de éxito en Europa en el siglo XX, después de los dos experimentos políticos previos que fueron el comunismo y el fascismo, ha sido la Unión Europea. Por tanto, España se ha humanizado, se ha transformado en un país europeo más.

Belén Becerril: Hablabas de estadísticas, y yo recordaba ese estudio que realicé aquí en el Real Instituto Elcano en el año 2007 para hacer un balance entonces de España en Europa. Y recuerdo un excelente resultado, no sólo de los indicadores económicos: allí se evaluaban los cambios en las políticas sociales, cosas como la incorporación de la mujer al mercado profesional… y todos eran excelentes. Sin embargo, aquello acaba en 2007. ¿Qué ha pasado desde entonces? Efectivamente, los indicadores han dado un vuelco. ¿Qué podemos decir hoy? ¿Qué esperan los españoles de Europa? Hay un cierto desencanto a pesar de que el apoyo sigue siendo sólido. ¿Es que los españoles sólo esperábamos de Europa los resultados económicos, un proyecto que se legitima por sus resultados? ¿Qué ha pasado?

Emilio Lamo: Claramente no. Los españoles esperábamos de Europa bastante más que una economía próspera y unos mecanismos de mercado que nos permitieran crecer; eso ha ocurrido claramente, hay un marco financiero que nos ha proporcionado unas expectativas de crecimiento espectaculares. Pero, sobre todo, lo que esperábamos era una identidad. Es un problema de identidad histórica, de identidad de país. Nosotros queríamos ser Europa, queríamos participar, queríamos estar ahí.

Es cierto que los españoles hemos tenido un europeísmo singular, más bien de venida que de ida. Es decir, nuestro objetivo era más bien que Europa viniera, nos abrazara y nos incorporara, europeizar a España. No tanto hacer de Europa un mecanismo de la proyección de España hacia afuera. Otros países sí han tenido esta orientación. Por ejemplo, para Francia, Europa ha sido y debe de ser, y si no lo es no están cómodos con Europa, un mecanismo para proyectar Francia hacia afuera. Nosotros hemos buscado más bien un mecanismo de venida.

¿Qué es lo que ha pasado? En 2007 hay una crisis muy profunda, una crisis que empieza a afectar a muchas cosas y afecta al propio proyecto europeo profundamente. ¿Por qué? Porque probablemente Europa se había construido en buena medida mal. El proyecto fundacional de Europa es esta idea, este método funcionalista: que la economía, el mercado y la moneda vayan tirando de la política, y la política irá tirando de la cultura. Es decir, construyamos Europa a través de la fusión de intereses económicos. Esto funcionó hasta cierto punto. Y cuando llega la crisis lo que se pone de manifiesto es que no tenemos mecanismos políticos suficientes que permitan gestionar una economía deficiente. O por decirlo en términos más precisos: Europa no es un área monetaria óptima, y no funciona, y no acepta los shocks asimétricos que se producen como consecuencia de la crisis. Y entramos en una sensación muy profunda de desequilibrio europeo. La economía exige un marco de decisiones muy firme, muy enérgico, y no tenemos mecanismos políticos para ellos. Entre otras cosas porque nos falló el Tratado Constitucional, que fue una situación muy comprometida. Porque la ampliación se hizo con más buena voluntad que eficiencia política.

A Europa le está costando y le ha costado enormemente desarrollar mecanismos políticos que permitan gestionar la economía. Los está empezando a hacer. Quizá la inflexión es la declaración de Draghi en 2012 cuando dijo: “Haremos lo que sea necesario para salvar el euro”. Probablemente a partir de ese momento inflexiona, pero hasta ese momento es evidente que ha habido un déficit de mecanismos políticos de toma de decisiones.

Se dice que Europa es una gran economía. No es verdad: es un gran mercado. Pero no es una economía porque no ha tenido y no tiene todavía un mecanismo político que le permita tomar decisiones económicas. En ese sentido no es una economía, es un mercado, que es distinto. ¿Cuál ha sido la consecuencia de eso? La consecuencia ha sido lógicamente un alejamiento de los ciudadanos por un marco político interestatal que no es capaz de solucionar sus problemas. Y empieza a aparecer una actitud antieuropea o escéptica, euroescéptica, o incluso crítica de Europa, muy desarrollada en muchos países europeos, pero mucho menos en España. Esto es importante. España sigue queriendo estar dentro del euro, sigue teniendo gran aprecio por la Unión Europea y por el proyecto político europeo. Y en algún sentido estamos a la vanguardia. Puede ser casual, yo no lo creo, que este gobierno en su estrategia de política exterior adopta – un gobierno conservador, un gobierno del Partido Popular – como idea central la de ir a una federación europea. Y utiliza en su documento oficial el término de ‘Estados Unidos de Europa’. Esto no es broma. Ningún país ha asumido ese grado de compromiso. España sí, y lo hace porque tanto el Partido Popular como el Partido Socialista, y yo sospecho que el resto de los partidos igualmente, no pueden decir que no a eso. España sigue siendo en buena medida un país proeuropeo. Por tanto, la crisis ha afectado más a la sociedad europea que al proyecto político europeo de España. Yo creo que eso, en buena medida, se salvaguarda todavía.

 

Disfruta de la entrevista completa en el siguiente vídeo:

Emilio Lamo es Presidente del Real Instituto Elcano

Belén Becerril es Subdirectora del Instituto Universitario de Estudios Europeos

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    La fundacion privada es presidida por el catedratico Emilio Lamo y en ella participa el expresidente Felipe Gonzalez

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