en Políticas de la UE

– Carlos Borges Canales – 

En la Unión Europea, los Estados miembros más pequeños tienden a perder influencia en la toma de decisiones. Por ello, dichos Estados han identificado dos estrategias para minimizar ese fenómeno: por un lado, especializándose en un sector determinado, véase el caso de Estonia, que es uno de los países punteros en la Administración Pública electrónica [1]; por otro lado, buscan alianzas para hacer un frente común en una determinada política. Así, Irlanda y Dinamarca presionaron para que la UE adoptara una posición común sobre el etiquetado de productos exportados desde los asentamientos israelíes.

En el caso de Croacia, un ejemplo más de Estado pequeño, con una población decreciente debido a la migración y la baja tasa de natalidad, con apenas 4 millones de personas y una extensión de 56.800 km2, el dilema es el mismo: ¿cómo no perder influencia en Bruselas? La solución debe pasar por especializarse en un determinado sector, lo que le permitiría convertirse en un jugador esencial a ojos de sus socios comunitarios.

En 1991, Croacia declaró su independencia de Yugoslavia. Después de 5 años de guerra, los croatas buscaban volver a la normalidad, lo que sus élites tanto políticas como económicas entendían por integrarse en el mundo occidental, es decir, la Unión Europea y la OTAN; ambos objetivos fueron logrados en 2013 y 2009 respectivamente… Y después, ¿qué?

Prošla baka s kolačima (ya pasó la abuela con los pasteles) es una expresión local para describir aquella situación en la que las personas no lograron aprovechar las oportunidades con las que se encontraron en un momento dado. Desde el ingreso de Croacia en la UE se han podido identificar dos ámbitos en los que Zagreb podría haber conseguido la influencia que desea en Bruselas; sin embargo, en sus propias palabras, la abuela con los pasteles ya pasó, como veremos a continuación.

En primer lugar, los Estados de los Balcanes que aún no han ingresado en la Unión carecen de un país referente al que imitar para lograr sus aspiraciones europeas. A pesar de las características comunes entre estos países y Eslovenia, quien a diferencia del resto de las repúblicas ex-yugoslavas ingresó en el club europeo en 2004, este último no ha asumido el papel de líder. De este modo, es muy posible que Croacia se encontrara en una situación favorable para vender su propia historia como un éxito y un modelo a imitar.

Sobre el papel, Zagreb podría haber jugado ese rol, no obstante, las condiciones para que fuera posible eran y son bastante desfavorables. Por un lado, los croatas nunca se han mostrado realmente favorables a la UE. El referéndum de 2012 sobre el acceso se saldó con un 66% a favor y un 33% en contra; sólo el 44% del electorado se acercó a votar [2]. Además, tres años después de su ingreso en la UE, la situación económica sigue siendo negativa, con un 16,2% de paro y un crecimiento del 1,8% en 2015 [3].

Los fondos europeos para la modernización de infraestructuras y ayuda a las empresas han ejercido un gran atractivo para los croatas, de hecho, desempeñó un papel importante en la campaña a favor del ingreso en la UE. Sin embargo, estos no acaban de materializarse, lo que ha creado malestar en ciertos sectores de la sociedad y contribuido al recelo.

Igualmente, Zagreb no tiene relaciones cordiales con la mayoría de sus vecinos, mantiene reivindicaciones territoriales con Eslovenia, Montenegro y Serbia. En cuanto al primero, estas disputas han afectado seriamente a los lazos entre dichos países, especialmente cuando en verano de 2015 salió a la luz que políticos eslovenos habían intentado influir en la decisión del Tribunal encargado de dictar sentencia sobre el tema [4]. Tanto con Podgorica como con Belgrado el conflicto territorial está, por el momento, en un segundo plano, aunque puede convertirse en un elemento conflictivo en el futuro.

La presencia de un gran número de bosnios de religión católica que se califican a sí mismos como croatas, en la región de Herzegovina, marca los altibajos de las relaciones con Bosnia. En cuanto a Serbia, ni Belgrado ni Zagreb han sabido superar las secuelas de la guerra y normalizar las relaciones entre ellos, perdurando en el tiempo heridas que necesitarán tiempo para cicatrizar. Aún quedan numerosos temas pendientes de resolverse y parece que no hay voluntad política en ninguno de los dos bandos. De hecho, el ejecutivo croata ya ha impuesto su veto [5] para frenar las negociaciones de ingreso entre Bruselas y Belgrado que se iniciaron a finales de 2015. A día de hoy, lo mejor que puede pasar es, por desgracia, que los lazos a nivel político entre estos países sigan siendo casi inexistentes [6].

Por último, a pesar de la buena sintonía entre el actual ejecutivo croata y húngaro, el anterior Primer Ministro croata Milanović tuvo sus diferencias con su homólogo de Hungría Viktor Orbán. El primero solicitó la extradición del presidente de la petrolera húngara MOL, que el segundo negó explícitamente, por el caso de corrupción del ex Primer Ministro de Croacia Ivo Sanader, quien supuestamente aceptó la venta de la compañía croata INA a MOL a cambio de sobornos provenientes de Budapest.

Además, acerca de la propia política de la Comisión sobre la ampliación de la Unión, Jean-Claude Juncker aseguró que no habría ningún nuevo ingreso durante su mandato (2015-2020), y la situación actual en los Balcanes no ayuda a las aspiraciones de liderazgo croata. Una ola de protestas sacude la región desde Podgorica hasta Skopie, cansados de unas élites corruptas e ineficaces que han sido apoyadas por Bruselas como mal menor en la región. Así, los “indignados balcánicos” han tomado protagonismo en las últimos meses con multitudinarias manifestaciones en Macedonia, Montenegro, Kósovo y Serbia. No es de extrañar que, ante esta situación, Rusia y, en menor medida, Turquía y otros actores, hayan intensificado sus esfuerzos para aumentar su poder blando en los Balcanes, disminuyendo el atractivo que ejerce la UE en la región e intentando sacar partido de la compleja situación [7].

La segunda oportunidad para Croacia de influir en Bruselas apareció con el estallido de la llamada crisis de los refugiados y la ruta de los Balcanes en septiembre del 2015 [8]. Durante la guerra de los noventa numerosos inmigrantes provenientes de otras repúblicas ex yugoslavas buscaron asilo en Croacia. Por ello, la experiencia adquirida hace 20 años podría servir ahora para afrontar mejor la situación con las miles de personas que huyen de sus países para buscar amparo en Europa y lograr una solución ejemplar que pudiera exportarse como modelo. Sin embargo, parece que ha perdido la oportunidad, puesto que ha primado el sentimiento nacionalista mal entendido.

Si bien el ejecutivo de Milanović mostró cierta iniciativa, las políticas eran marcadas por Berlín e incluso Viena. Rápidamente, Croacia ocupó un segundo plano en esta crisis convirtiéndose en un mero país de tránsito de refugiados. Resulta curioso que las peticiones de asilo disminuyeran en 2015 respecto al 2014 [9]. Además, el establecimiento de cuotas por parte de Austria obligó a Zagreb a pactar con Belgrado el paso por tren de un máximo de 3.000 personas al día.

Igualmente, los políticos croatas empezaron a usar la crisis para impulsar sus propias agendas. Es de destacar cómo la valla que Liubliana comenzó a construir en su frontera con Croacia sirvió para calentar los ánimos respecto a las disputas territoriales anteriormente mencionadas, indicando que las viejas rencillas necesitarán tiempo para restañar las heridas del conflicto. Finalmente, es necesario comentar que el cierre del paso entre Macedonia y Grecia, así como el Acuerdo entre la UE y Turquía a principios del 2016, han puesto fin a cualquier posibilidad de influencia por parte de Zagreb en la política de asilo europea.

Aun con todo, se puede identificar una tercera posibilidad para que Croacia sea influyente en Bruselas: desde hace años viene planteándose la probabilidad de construir una planta de gas natural licuado (LNG en sus siglas en inglés) en la isla de Krk [10]. La Presidenta Kolinda Grabar-Kitarović ha hecho suya esta idea, que consistiría en la construcción de dos tanques de LNG con una capacidad de 180.000 m3 cada una. La realización de este proyecto cuenta con el beneplácito de Estados Unidos [11] y de la Unión Europea [12], ya que no sólo supondría un salto cualitativo para Croacia en el marco energético, sino también para el conjunto de la Unión.

Las instalaciones en Krk se unirían a una red que iría desde el mar Báltico al Adriático pasando por el Mar Negro, mejorando las conexiones energéticas de la Unión, lo que redundaría en un mejor aprovechamiento de los recursos energéticos europeos, reforzaría la seguridad energética de la Unión, que contaría con una fuente más de gas natural, y convertiría a Europa en menos dependiente del gas natural proveniente de Rusia. En un escenario donde las relaciones Bruselas – Moscú no pasan por su mejor momento, la pieza croata sería clave en este puzle, dando mayor relevancia a Zagreb a ojos de sus socios comunitarios e impulsando su rol como miembro destacado.

El Banco Europeo de Inversiones ha anunciado un plan para evaluar la viabilidad de este proyecto [13]. No obstante, la polémica ya está servida, porque muchos habitantes de la zona de Krk, con apoyo de políticos y empresarios locales se quejan del impacto ambiental que podría ocasionar las plantas de LNG en un país donde el turismo es una de las principales fuentes de ingreso económico. Igualmente, aunque tanto el anterior ejecutivo croata como el actual han mostrado en diversas ocasiones estar comprometidos con llevar la iniciativa a buen puerto, la prensa croata ha especulado [14] recientemente sobre la posibilidad de que el proyecto pueda perder el estatus de “estratégico”, lo que eliminaría las facilidades para obtener los permisos y documentos necesarios para la construcción y la financiación, que dicho estatus otorga. Por último, las obras, cuya iniciación estaban previstas para mediados de 2016 y habrían de durar tres años, se han pospuesto indefinidamente … ¿volverá a pasar de largo la abuela con los pasteles?

[1] Ari, Thiber; Las embajadas de datos: la protección de la información estatal. Real Instituto Elcano.

[2] Čović, Andrea; Croatia’s EU accession referendum, 22 January 2012; University of Zagreb.

[3] EUROPEAN COMISSION. Croatia.

[4] REPUBLIC OF CROATIA; MINISTRY OF FOREIGN AND EUROPEAN AFFAIRS; Termination of the Arbitration Process between Croatia and Slovenia: Causes and Consequences.

[5] Anastasjevic, Dejan; Croatia veto on Serbia’s EU talks causes surprise; Eurobserver.

[6] Dinac, Milan; Serbia-Croatia relations: no way forward in sight; LSE.

[7] Lashera, Borja; Tcherneva Vessela; Wesslau, Fredrik; Return to instability: How migration and great power politics threaten the Western Balkans European Council on Foreign Relations.

[8] BALKAN INSIGHT, Refugee Crisis Live Updates.

[9] EUROSTAT; Asylum statistics.

[10] Localizada al norte del mar Adriático, en el golfo de Carnaro. Tiene una extensión de 405,8 km2 y sus playas son unas de las principales atracciones turísticas de Croacia.

[11] Así se lo hizo saber el Vicepresidente estadounidense Joe Biden a Grabar-Kitarović en su visita a Zagreb en noviembre de 2015.

[12] Bruselas lo ha incluido dentro de Projects of Common Interest (PCIs), conjunto de iniciativas que gradualmente construirán la Unión Energética integrando los mercados en Europa y diversificando las fuentes de energía y su red de transporte.

[13] EUROPEAN INVESTMENT BANK, Krk LNG Terminal.

[14] Milekic, Sven; Croatia Gas Terminal May Lose ‘Strategic’ Status; BalkanInsight.

Carlos Borges Canales. Antiguo alumno del Máster en Relaciones Internacionales del Instituto Universitario de Estudios Europeos

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