en Políticas de la UE

– Adolfo Lorente – 

Aquella foto… Ocurrió el 17 de julio, en la primera jornada de la segunda ronda del ‘Brexit’, la madre de todas las negociaciones. El lugar: Bruselas, cómo no, el kilómetro cero de casi todo. ¡Qué foto! A un lado, a la izquierda, Michel Barnier, el rostro de la Unión Europea. A la derecha, un sonriente David Davis, el ministro británico encargado de liderar el cómo del histórico portazo que Reino Unido dará al club de clubes cuatro décadas después. A un lado, montañas de papeles. Al otro, el vacío.

Es una de las grandes metáforas que está dejando una negociación que arrancó el 19 de junio y que tres meses después ha evidenciado que lo único en lo que Bruselas y Londres están completamente de acuerdo es en que no están de acuerdo en casi nada. «¿Qué tal va el ‘Brexit? Ni bien ni mal, simplemente no va», confiesa un veterano diplomático mostrando una leve sonrisa que denota una mezcla de preocupación y sorpresa. «Quién nos iba a decir que los británicos, a quienes tanto hemos admirado en otras épocas, se iban a comportar de esta forma tan irresponsable. Es terrible que actúen así con todo lo que está en juego», apostilla.

El tictac nunca ha dejado de sonar. El ‘Brexit’ se consumará a las 00.00 horas y un segundo del 30 de marzo de 2019. ‘Out is out’, como se han afanado en ensalzar los ministros más viscerales de la debilitada primera ministra, Theresa May. Ya se sabe que primero están los amigos, luego los enemigos y, después, los compañeros de partido. Y aquí, el lenguaraz ministro de Exteriores, Boris Johnson, está decidido a llevar hasta las últimas consecuencias la estrategia del ‘cuanto peor, mejor’, el escenario de ruptura total que supuestamente obligaría a la UE a mover ficha para evitar el caos. Pero al otro lado del Canal, lejos de recular, han aceptado el órdago. «Aquí perdemos todos, pero sobre todo Reino Unido. El ‘Brexit’ jamás puede ser una historia de éxito», concluye el ‘leitmotiv’ que los 27 tienen grabado a fuego.

Out is out

«El ‘Brexit’ es malo y es una decisión estúpida. Las únicas personas que pueden revertirlo es el pueblo británico, pero yo no soy un soñador, soy realista, y el Brexit ocurrirá el 29 de marzo de 2019». Lo dijo el pasado 4 de septiembre durante una conferencia en Bruselas un tal Martin Selmayr, el gran cerebro de la Comisión Europea, el jefe de Gabinete de Jean-Claude Juncker, el presidente. Es difícil toparse con alguien con tanta influencia dentro de la burbuja bruselense. Por cierto, es alemán, cómo no.

Lo positivo de estos tres meses de negociaciones es que la situación sólo puede ir a mejor. A peor… Complicado. «La cosa va mal, fatal», reconoce un alto cargo comunitario. Así lo dejó entrever un irritado Barnier a finales de agosto al término de la tercera ronda negociadora, quien volvió a exigir seriedad para avanzar en los temas relevantes. Es decir, la factura de salida, los derechos de los ciudadanos y, por último, el caso irlandés, un tema no menor ya que Bruselas sospecha que Londres quiere usar la República de Irlanda como una suerte de caballo de Troya para seguir teniendo un trato privilegiado en lo comercial dentro del club.

A vueltas con la factura

La clave de bóveda, sin embargo, es la factura de salida, el dinero que debe pagar Reino Unido por su portazo. La UE ha hecho una primera estimación que ronda los 100.000 millones de euros, algo que Londres no está dispuesta a pagar burlándose incluso de estas cantidades. Al menos ya se ha comenzado a reconocer que hay «obligaciones» que hay que cumplir. Lo de los ceros es otra cosa.

«No podemos pagar a 27 los compromisos que acordamos entre 28. Para hablar del futuro debemos tener confianza en el presente», ha advertido el negociador europeo. Davis, por su parte, se empeña en asegurar que no todo está tan mal y que «hay que ser imaginativos» para poder salir de un embrollo legal, político y diplomático de tintes históricos.

Fracaso del divide y vencerás

Desde el primer momento, Reino Unido ha jugado sin tapujos al divide y vencerás, provocar que el Consejo Europeo se convierta en un gallinero donde los 27 se peguen entre ellos para defender sus intereses nacionales en lugar de pensar como un todo. Pero no. La Unión Europea jamás estará lo suficientemente agradecida al ‘Brexit’ por haber conseguido que el gran club esté más unido que nunca y haya cerrado filas al grito de larga vida a la UE a 27.

«No pierdan el tiempo en buscar fisuras entre nosotros. Necesitamos ese tiempo para negociar», advirtió al término de la tercera ronda negociador Michel Barnier, a quien los estrategas británicos han puesto en la diana para intentar desacreditarle a ojos de los Estados miembros. Pese a todo, Davis no se da ni mucho menos por vencido. El pasado día 5, durante una intervención en la Cámara de los Comunes, advirtió refiriéndose a Francia, Países Bajos, Bélgica y Dinamarca «que todos ellos saben que el escenario de un no acuerdo sería bastante dramático, más para ellos que para nosotros».

Europa empieza a aburrirse

El Gobierno de May, sin embargo, debería preocuparse y mucho por lo que sucedió el pasado día 13 en la sesión que el Parlamento Europeo celebró en Estrasburgo. El discurso de Juncker durante el Debate del Estado de la Unión duró una hora y dos minutos. De ellos, apenas 30 segundo se dedicaron al ‘Brexit’. Nada de palabras gruesas, detalles de la negociación o llamamientos al acuerdo. Apenas tres frases para recordar que se consumará el 29 de marzo de 2019 y que será un «triste y trágico momento» pero que «hay que respetar la decisión de los británicos». «Siempre lo lamentaremos… Y ustedes muy pronto», espetó a un eurodiputado del euroescéptico UKIP que interrumpió su intervención.

«Es oficial, el ‘Brexit’ es aburrido», advierte con sorna Guntram Wolff, director del prestigioso think tank bruselense Bruegel. La UE ha comenzado a hablar de Defensa, del euro, de Schengen, de un super ministro de Finanzas, de fusionar las presidencias de la Comisión y el Consejo, de hacer una Europa más federal a 27… ¿Y el ‘Brexit’? Es presente sí, pero sobre todo es pasado y el club, más unido que nunca gracias a zarpazos como el británico, sólo habla de futuro. Por ahora…

 

Adolfo Lorente. Corresponsal en Bruselas del periódico EL CORREO y los regionales del grupo Vocento desde 2013.

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