en Comunicación

– Clara Bort Díaz – 

A lo largo de los últimos meses Internet se ha convertido en un auténtico campo de combate sembrado por minas de desinformación y un constante bombardeo de noticias falsas. Si bien es cierto que a priori se trata de algo con consecuencias difícilmente tangibles, gobiernos y cuerpos de seguridad alertan sobre la magnitud que puede alcanzar el problema, que incluso ha sido catalogado de amenaza en la última Estrategia Nacional de Seguridad. El documento recoge las fake news bajo el paraguas de las acciones híbridas: una combinación de métodos militares tradicionales con operaciones de manipulación de la información, entre otros.

A todo ello se le suma el hecho de que órganos nacionales e internacionales encargados de salvaguardar la seguridad han llevado a cabo un auténtico despliegue defensivo ante esta amenaza. Pero… ¿Quién determina lo que es una noticia falsa y lo que no? ¿En base a qué se determina hasta qué punto la difusión de falsedades puede poner en riesgo la seguridad de uno o varios Estados?

Mirando directamente hacia Rusia, la Unión Europea creó la East Stratcom Task Force en septiembre de 2015 para detectar y combatir ataques a través de Internet. En la plataforma EU vs Disinformation recogen los 3.500 casos concretos de desinformación que han identificado. Mención especial merece la atención que esta plataforma presta al caso de Cataluña, desmintiendo y contrastando titulares como “Cataluña reconocerá Crimea como parte de Rusia” o “Las Islas Baleares también quieren la independencia de España”.

Ni rastro de Cataluña, sin embargo, en los documentos del Centro de Excelencia de Comunicación Estratégica de la OTAN, con varios informes publicados sobre desinformación con el foco también en Rusia. A pesar de que, según el diario El País, el organismo ha pedido a España que se proteja la injerencia rusa, no hay ningún documento oficial publicado que así lo acredite. En sus últimos informes, uno sobre bots rusos y otro sobre sobre las implicaciones de falsa información en Internet, no se menciona a España en ningún momento, evidenciando que su filtrado de lo que supone una amenaza y lo que no discierne con respecto al de la East Stratcom Task Force.

El German Marshall Fund of the United States, organización con el objetivo de reforzar la cooperación transatlántica, tampoco llega a identificar casos concretos de desinformación. No obstante –y una vez más mirando a Rusia– sí que habla en un post de la posible influencia de la propaganda del Kremlin en Cataluña. Analizando otros prestigiosos organismos especializados en comunicación como el think-tank Atlantic Council’s Digital Forensic Research Lab o el Real Instituto Elcano, la conclusión es similar, si no la misma: no hay consenso.

En casi todos los casos de organismos especializados en fake news se menciona la constante amenaza de supuestas injerencias sin profundizar en las consecuencias de estas, el nivel de amenaza que suponen o la forma en la que se manifiestan. Sí que hay un evidente acuerdo sobre el lugar del que llegan los bombardeos, pero, ¿cómo es posible elaborar una estrategia de defensa sin saber dónde caen los proyectiles?

Clara Bort Díaz. Alumna del Máster en Relaciones Internacionales del Instituto Universitario de Estudios Europeos.

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