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– Marta Hernández Ruiz – 

Esta propuesta es una llamada a la responsabilidad social de los medios y de los políticos nacionales en la campaña de las elecciones europeas. Los cabezas de lista deben discutir sobre los grandes temas transnacionales en prime time. Y los medios deben preguntar, indagar e impedir que se convierta en una batalla de política interna.

Se permitió en las elecciones europeas de 2014. Hoy, el peligro de que vuelva a suceder es evidente. Pero el precio a pagar no es el mismo: estos años hemos presenciado el ascenso de fuerzas extremistas en países como Alemania, Francia o Italia. También ha ocurrido en Polonia, Hungría, Eslovaquia, República Checa, Grecia, Eslovenia… Incluso en los países nórdicos, como Finlandia, Dinamarca y Suecia.

Pensemos en la causa. ¿Realmente estamos ante una revolución nacionalista contra el proyecto de integración europeo por haber dejado “a muchos ciudadanos con la sensación de que no tienen ningún control democrático de su vida”, como afirma John Cray en El País?

Puede que tenga razón. Pero la tiene por incluir la palabra “sensación”. Los medios narran la política europea recurriendo mayoritariamente a perspectivas nacionales, y por tanto, plasmando sus intereses y batallas en la política interna. Lo que hagan y digan estos políticos nacionales va a ser central: hay que conseguir que aborden las propuestas que van a defender en Bruselas y Estrasburgo, no en Madrid. Los medios no pueden permitir las perspectivas nacionales.

No se trata de que sólo se hable de temas en los que el Parlamento Europeo tenga competencias. Deben discutirse los grandes temas transnacionales. Hablemos de migración, política exterior, pobreza, empleo. De todos esos asuntos que preocupan a los europeos y en los que no cabe una respuesta nacional. Y si no se han cedido competencias o todavía no se ha instrumentalizado una respuesta, que se requieran explicaciones.

Basta con abordar las propuestas que Jean-Claude Juncker ha presentado en el debate sobre el Estado de la Unión: quiere más apoyo al Fondo de Defensa Europeo, Cooperación Estructurada Permanente, seguimiento de contenidos terroristas para retirarlos en menos de una hora, reformar el Sistema Común de Asilo, la internacionalización del euro (con previo desarrollo de la Unión Económica y Monetaria), fortalecer las fronteras y la Guardia Costera, acelerar el retorno de migrantes irregulares, un partenariado comercial con África, un sistema de mayoría cualificada para las votaciones en política exterior, la repetición del Spitzenkandidaten como método para elegir al presidente de la Comisión, listas transnacionales en 2024…

¿Están todos los partidos europeos de acuerdo con estas propuestas? ¿Afrontarían el asunto migratorio de otro modo? Que debatan sobre ello en prime time. De este modo, los ciudadanos podrán sentir que eligen entre distintas opciones e ideologías en la política europea. E insistimos: que se logre va a depender de la responsabilidad que asuman los medios y los políticos nacionales designados cabezas de lista.

Llama la atención que en el siglo XXI haya que seguir explicando por qué la integración es la única vía de concordia y prosperidad frente al nacionalismo. Y las instituciones europeas se ven abocadas a repetir durante los próximos meses todo lo positivo que ha aportado la Unión Europea a lo largo de su historia. Consciente de ello, Juncker comenzaba su discurso del Estado de la Unión recordando la situación en 1913. “I speak of these times not because I believe we are on the brink of another catastrophe. But because Europe is the guardian of peace”.

Para que los ciudadanos entren en el debate, planteamos una propuesta concreta: debates televisados entre los cabezas de lista nacionales de los grandes partidos en prime time en las televisiones públicas de todos los Estados miembros, representando a su familia política europea. Debe haber un periodista moderador que conozca en profundidad los asuntos europeos y tenga la posibilidad de redirigir el debate y cortar argumentaciones nacionales. Asimismo, debería haber una representación de corresponsales o expertos en la UE que puedan plantear preguntas específicas sobre cómo se abordarán determinados temas, de un modo que identifique la ciudadanía. ¿Por qué la representación española del Partido Popular Europeo se abstuvo ante la votación de la aplicación del artículo 7 en el Parlamento Europeo a Hungría? ¿Van los Liberales a permitir que se pierda el gran logro del Spitzenkandidaten? ¿Qué tipo de políticas de creación de empleo están dispuestos a respaldar los Socialistas o la Izquierda Unitaria Europea?

La ciudadanía debe ver que hay pluralidad de opiniones sobre cómo se gestionan los asuntos que le importan. Debe tener claro que su voto servirá para elegir la representación en una Eurocámara con capacidad de decisión y quién relevará a Juncker.

¿Qué pasará si se repiten los errores de la campaña de 2014?

Que los ciudadanos entenderán estas elecciones como un debate entre integración europea frente a “la recuperación del control” nacional. Verhofstadt lo ve venir, y por eso ha propuesto una alianza paneuropea liberal que incluya al partido de Macron y que sirva de alternativa a las propuestas nacionalistas.

Los partidos nacionalistas entrarán con fuerza en el Parlamento Europeo. Podrán tener grupos propios –esta pasada legislatura no lo consiguieron–. Es posible que una fuerza europeísta lidere la Comisión Europea, pero sus propuestas caerán en saco roto si existe un bloqueo en la Eurocámara. Europa se volverá ingobernable. Y sin gobierno europeo no habrá respuesta a ninguna de las políticas transnacionales que importan a los ciudadanos.

Suele darse una paradoja: cuando los medios permiten que las elecciones europeas se conviertan en altavoces de asuntos nacionales, la ciudadanía vota con el hartazgo que acumula hacia los asuntos internos. Y si a modo de castigo decide no votar, lo que consigue es justamente lo contrario a lo que se pretendía: los Estados, con esas perspectivas nacionales que le llevaron al hartazgo, tendrán más fuerza en el equilibrio de poder europeo. Y las instituciones que tienen el cometido de velar por el interés común, como el Parlamento Europeo y la Comisión, se verán debilitadas.

Informativamente serán meses complicados. Habrá campañas de desinformación. Habrá mucho ruido. La misma Comisión se muestra preocupada por “los riesgos a que están expuestos los ciudadanos de convertirse en objetivo de campañas masivas de desinformación en línea que persiguen desacreditar y deslegitimar elecciones”. Por eso apelamos a medios y políticos nacionales a recordar su compromiso con la ciudadanía. Si existe algo parecido a una “cuestión de Estado” en la Unión Europea, es el momento de recurrir a ella. ­­­­

Marta Hernández Ruiz. Investigadora del Instituto Universitario de Estudios Europeos.

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