en Políticas de la UE

– Elena Terán González – 

Los nuevos escenarios políticos que afronta Bolivia apelan directamente a las bases de la construcción nacional. En el referéndum del pasado 21 de febrero de 2016, Evo Morales no consiguió el apoyo del país para legalizar su reelección indefinida, pero apeló al Constitucional para legitimarse. En las próximas elecciones de 2019 se asistirá al punto de quiebre definitivo de la democracia boliviana dependiendo de cuál sea el resultado. En esto, el populismo personalista de Evo Morales y su idea de nación desempeña un importante papel.

Claves para comprender la situación actual

En las elecciones de 2005 Evo Morales ganó con un 54% de los votos y se convirtió en el primer presidente de origen indígena de Bolivia. Lo hizo al frente del partido MAS, Movimiento al Socialismo. En 2009 y 2014 fue reelegido y su mandato durará hasta 2020, fecha en la que teóricamente se terminaba su etapa presidencial. Cuando accedió al poder, la Constitución no permitía a los presidentes estar más de 14 años en el cargo, pero, en un intento por ampliarlo, en 2016 Morales convocó un referéndum para volver a presentar su candidatura. La población no apoyó su deseo de perpetuarse, sin embargo, apelando a que se vulneraban sus derechos políticos, consiguió que el Tribunal Constitucional Plurinacional hiciera prevalecer sus deseos.

Los cambios introducidos por Morales al llegar a la presidencia del país fueron notorios. Concedió bonos sociales a una gran parte de la población y convirtió Bolivia en un Estado Plurinacional, con reconocimiento parlamentario para los indígenas, un sistema judicial indígena campesino, y el derecho a la autonomía y autogobierno de las comunidades. Con esta reforma, Bolivia se definía en su nueva Constitución como un “Estado Unitario Social de Derecho Plurinacional Comunitario, libre, independiente, soberano, democrático, intercultural, descentralizado y con autonomías”.

Fuentes del nacionalismo

La retórica antiimperialista y pro-indigenista sirvió a Evo Morales para ganar las elecciones y contar con el apoyo de la población rural. Continúa la línea de gobiernos populistas latinoamericanos, desde Getulio Vargas en Brasil a principios de siglo XX hasta Nicolás Maduro actualmente en Venezuela, pasando por Argentina, Chile o Perú. Su éxito se puede resumir en algunos factores clave: en primer lugar, la promesa de terminar con la crisis económica acumulada durante años; en segundo lugar, el apoyo a los indígenas y a los productores de coca, sectores de la población tradicionalmente apartados del juego político. Por último, sus continuas referencias a la libertad de los pueblos y a la revolución democrática y cultural, que entroncan con el discurso contrario a la injerencia estadounidense en el país, también le dieron popularidad entre los sectores más desfavorecidos.

En el país se puede ver una amalgama de sentimientos patrios procedentes de diferentes etapas y procesos históricos. El preámbulo de la Constitución Política del Estado es un ejemplo de esta diversidad: “Cumpliendo el mandato de nuestros pueblos, con la fortaleza de nuestra Pachamama y gracias a Dios, refundamos Bolivia. Honor y gloria a los mártires de la gesta constituyente y liberadora, que han hecho posible esta nueva historia”.

La referencia a los mártires libertadores pone como inicio de la patria el periodo de la independencia de España en el siglo XIX. Esta referencia al pasado colonial como nexo es un elemento recurrente para todas las naciones latinoamericanas que se separaron del imperio español. En el caso de Bolivia, bajo el mandato de Morales se cambiaron los billetes del país como parte de la renovación simbólica, y se incluyeron los retratos de héroes militares indígenas, desde Tupac Katari, hasta Simón Bolívar o Antonio José Sucre.

Sobre el papel, Morales reencarnaba los ideales de Simón Bolívar y del Che Guevara, devolver la tierra a los que la trabajan. Visto desde un punto de vista histórico tiene sentido. Bolivia se llama así por ser “la hija predilecta” de Simón Bolívar, el libertador de América. El nombre del país fue elegido en su honor. Asimismo, fue también en Bolivia donde el Che Guevara escribió su Mensaje a Los Pueblos del Mundo, su testamento político, y donde murió combatiendo. Estas referencias a la historia política como arma nacionalista dan sustento ideológico al régimen y resultan efectivas, ya que fijan un enemigo común a lo largo de la línea cronológica: los imperios opresores, es decir, España y Estados Unidos.

Con esta mezcla de tradiciones, deseos de cambio y, en un intento por alejarse de la órbita estadounidense, Bolivia se acerca cada vez más a países como Cuba, Venezuela o China, desde un punto de vista cultural y económico. Por eso mismo, activistas del país, como Jhanisee Vaca, critican el alineamiento cada vez más evidente con China, que posee ya el 80% de la deuda externa boliviana.

El empoderamiento nacional en detrimento de las relaciones con otros países se puede ver también en el conflicto marítimo con Chile. En 1904 Bolivia perdió su salida al mar después de la guerra del Pacífico. Desde entonces, siempre ha existido un deseo boliviano de recuperarlo y Evo Morales incluyó esta reivindicación explícita en su agenda política y ha luchado por conseguirlo. La última batalla ha sido en la Corte Internacional de Justicia, que ha dictaminado que Chile no tiene obligación de negociar con Bolivia la salida al mar. En las construcciones nacionales con carga identitaria se recurre a un enemigo común para generar comunidad, en este caso, la lucha contra Chile por el derecho marítimo reúne a la población en torno a este objetivo común.

El nacionalismo boliviano actual es Evo Morales. Él encarna todos los elementos mencionados en una combinación tal vez incoherente, pero que ha funcionado durante 12 años: es indígena, productor de coca, antiimperialista, con políticas socialistas y promueve la defensa a ultranza de los derechos del pueblo, en Twitter se denomina a sí mismo: “Evo es pueblo.” Incluso su atuendo, sacado del altiplano, ya es toda una declaración de intenciones.

Una de las características del populismo latinoamericano es el personalismo exacerbado de sus dirigentes. Evo Morales se siente imprescindible para la consecución de los objetivos bolivianos y por ello, en 2019, podemos encontrarnos ante el quiebre definitivo de la democracia en favor de la nación ideal, entendida como esa “patria chica” tan recurrente en el realismo mágico político latinoamericano. Todo esto podría hacer que este régimen político híbrido virase hacia el autoritarismo.

Elena Terán González. Alumna del Máster en Relaciones Internacionales del Instituto Universitario de Estudios Europeos.

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