en Comunicación, Economía y Empleo, Justicia e Interior, Mercado Interior, Políticas de la UE

-Pablo Pérez Armenteros-

La Unión Europea nos va a decepcionar (a veces), nos va a desesperar (seguro) y nos va a descolocar (en ocasiones). Nos va a hacer dudar de que nos quiere y cuida, mientras asegura que lo hace por nuestro bien. Pero también nos va a dar alegrías, nos va a hacer sentirnos orgullosos y nos va a sorprender positivamente. La Europa que quiero es una Unión capaz de explicar cuando decepciona y comunicar con valentía cuando nos llena de orgullo.

Un escudo, una red de seguridad. Estabilidad y progreso. Futuro y valentía. Tierra de oportunidades. Esa es la Europa que quiero. Esa es, espero, la Europa que viene.

La Unión Europea nació como escudo al nacionalismo que llevó al continente a la guerra. Dejó las trincheras para sentarse a la mesa. Ahora, algunos quieren que volvamos a ellas.

Desde púlpitos modernos (léase Twitter y medios digitales) escupen discursos caducos llenos de ideas que creíamos enterradas. El debate del blanco y negro. La narrativa del sí o no. Del In or Out. Nosotros y los otros (donde nosotros somos los buenos y los otros los malos, claro). Los que hablan de imperios pasados que nunca existieron, seguro que no querrían ponerse en el pellejo de sus abuelos.  Personajes tan tóxicos como pintorescos que se envuelven en la bandera, se autoproclaman defensores del pueblo (los únicos y verdaderos) y, desde sus despachos, acusan para manipular a los ciudadanos y manipulan para señalar a su culpable. Porque siempre hay uno. Porque esa es la respuesta nacionalista a los desafíos de las sociedades modernas: buscar enemigos, en lugar de soluciones. Exaltar. Dividir.

Europa necesita seguir siendo un bastión de moderación. Liderar con el ejemplo. Mostrar el camino mientras otros se centran en el cortoplacismo. Los que difaman y estigmatizan encuentran en las redes sociales el ambiente perfecto. Un entorno en el que chimpancés conviven con expertos, periodistas con agitadores, irresponsables con moderados. El populismo triunfa cuando políticos y medios tradicionales se suman a este juego macabro. Desde Europa: política de altura, discurso de acuerdos y diplomacia. La UE como respuesta a la eterna tentación de los europeos de deshumanizarnos los unos a los otros cuando tenemos problemas.

La integración y la interdependencia entre naciones (y, por supuesto, la cercanía de la barbarie) fueron suficientes tras la Segunda Gran Guerra. Hoy no. En una sociedad en la que puedes hacer creer a miles, millones de personas, que hay tormenta fuera (aunque les esté pegando el sol en los ojos), ya no es suficiente. La UE necesita tomar conciencia de que los hechos, los datos, son necesarios, pero no contrarrestan el lenguaje toxico.

Hoy la gente se permite estar de acuerdo o en desacuerdo con los datos. ¿Cuándo ha ocurrido esto? Se puede tener una opinión sobre los hechos, lo que no se puede es estar en desacuerdo con la realidad de los mismos. El poeta estadounidense James Whitcomb escribió “cuando veo un pájaro que anda como un pato, nada como un pato y grazna como un pato, lo llamo pato.” Hoy ese pato que veía Whitcomb, algún líder político diría que en realidad es un cuervo. Y que viene a sacarte los ojos. Y no tendría reparo en repetirlo públicamente. Una y otra vez, si le da votos o le permite mantener el sillón. “Pero, tranquilo, aquí estoy yo para defenderte”, diría. Y una legión de fieles escuderos repetirían la cantinela. Y decenas de medios digitales creados al amparo de subvenciones se encargarían de otorgarle el estatus de noticia: “¿Y si el Pato que creéis ver fuese en realidad un cuervo? Los que te dicen que el Pato es un pato, mienten “

Y mientras el pato grazna, son otros los que nos sacan los ojos.

La Europa ciudadana

Hoy, la UE necesita que esa integración e interdependencia sea entre ciudadanos.

La UE tiene que acoger narrativas positivas. Hay que luchar por reavivar el interés sobre procesos, funcionamiento e importancia de las instituciones. Toma de decisiones y responsabilidades. A cada oportunidad.

Una sociedad funcional necesita instituciones reconocibles y que sean vistas por la gente como parte de la sociedad. Y en las que la sociedad confíe. Y lo tiene que hacer con valentía institucional. Pero, claro, es mucho más sencillo ser valiente cuando tienes seguridad, estabilidad, fuerza (política) y eficacia.

La UE ha demostrado en temas como en, por ejemplo, competencia y acuerdos comerciales que cuando habla con una voz, tiene éxito. Es, todavía, un proyecto joven, pero ya no está para juegos infantiles. Hay que centrarse en las grandes temáticas que requieren grandes acuerdos y en políticas y narrativas que miren al futuro. Europa no se trata solo de eliminar los cargos por roaming, crear oportunidades económicas, eliminar barreras para los negocios… Todo son resultados concretos con un objetivo mucho más profundo y mucho más importante: la necesidad de definir un destino común para los europeos. Y los Europeos quieren soñar con un futuro que sea posible.

Una combinación de avances reales y realistas: Ciencia, investigación, la protección del planeta, la defensa de los derechos y los valores humanos, economía Circular, el Mercado Único Digital, la Unión de la Energía, la política exterior común. Una base para el sueño europeo

En esos temas, Europa tiene que marcar el camino a los Estados Miembros más de lo que los países se lo marcan a la Unión. Pero no me malinterpretéis: la Unión Europa es dialogo, debate, grandes acuerdos. No se puede entender sin los estados. Es, y será, lo que sus miembros quieren que sea.  Pero la generación, política y social, que está llegando, tiene que ser valiente a todos los niveles para que la UE pueda serlo. Para admitir sin tapujos que el mundo ha cambiado y que solos, estamos a merced de otras potencias que, si tienen la oportunidad, no dudarán en devorarnos a todos los niveles. Exportemos valores. Utilicemos todo lo que esté en nuestro poder para ello. El mundo quiere firmar con nosotros acuerdos de distinta índole comercial. A cambio, necesitamos compromisos que van más allá de lo económico. Sin lucha contra el cambio climático, no hay acuerdo. Sin estándares sociales y humanos, no hay firma.

Es mucho más lo que podemos conseguir unidos, cooperando, que si estamos divididos. No implica ceder soberanía, sino compartirla para ser más eficaces. Y el llamamiento es a los ciudadanos. Decía Robert Schuman que Europa no se hará de una vez. Pero es que Europa no se hará si los europeos no le exigimos a nuestros gobiernos y eurodiputados que la construyan. Estamos unidos en nuestros problemas, no divididos por ellos.

No es de recibo que a día de hoy no sepamos quién ha votado qué en las grandes cumbres europeas. No puede ser el discurso de algunos jefes de estado ante sus ciudadanos sea diferente al que tienen frente a los otros jefes de Estado. No es de recibo que digan si (o no) en el marco del Consejo Europeo, y en cuanto pisan su país, digan lo contrario. Europa “nos obliga”, Europa “nos impone”, Europa “nos empuja”. Obviando una parte fundamental: Europa son ellos. “Acordar” no es “obligar”. “Decidir” no es “imponer”. “Pactar” no es “Empujar”. Necesitamos revertir eso.

Que no se diga, tras una reunión del Consejo, que se ha obtenido una victoria y que los demás han perdido. En Europa ganamos juntos. Perdemos juntos.

La educación como base

Creo firmemente en el poder y la fuerza de la educación como motor para el futuro. Educación política básica, de estructuras sociales e instituciones. De historia, de consecuencias y causas. De sociedades diversas.

Necesitamos un sistema europeo de educación. Un marco flexible en el que los estados decidan, pero con unas líneas básicas, unos mínimos comunes. Que los alumnos estén igual de preparados si estudian en Murcia o en París.

Y ahí tiene que entrar la educación sobre la UE. No hablo de política, hablo de historia, instituciones, toma de decisiones, funcionamiento, competencias. Una base educativa para que puedan desarrollar un pensamiento crítico, pero formado e informado.

Europa ocupa cada vez un espacio mayor y aún más directo en nuestro día a día. Pero sigue desaparecida del panorama educativo. ¿Cómo pretendemos explicar Europa si no hemos oído hablar de ella hasta que tenemos 15-20 años?

Hay temas que no he tocado y que me hubiera gustado. Como que la economía debe estar al servicio de la ciudadanía, y no al revés. Que las normas del mercado único no pueden prevalecer sobre las normas sociales. Que el Erasmus y el Cuerpo de Solidaridad Europeo son ejemplos claros de que, en Europa, hay sitio para los sueños. La importancia de los fondos para innovación y desarrollo. Que cada problema que existe en Europa no debe convertirse en un problema de la Unión Europea.

Que la UE lidera en la lucha contra el cambio climático, pero que necesita credibilidad en términos de eficiencia energética. De la libre circulación como oportunidad, nunca como amenaza. De lo importante que es que ser exigente en nuestro propio territorio para ser creíble fuera. De tomar como ejemplo la unidad frente al Brexit, Rusia, EEUU o China. De que Europa debe abrirse a nuevos miembros, mirando a los Balcanes. La Unión necesita su impulso europeísta. Los Balcanes Occidentales necesitan a la UE. La alternativa es el riesgo a que vuelvan los demonios del pasado.

No quiero una Europa que se limite a observar cuando otros avanzan. Quiero una Europa a la vanguardia. El bloque que marca el camino. Miren a su alrededor: hace frío fuera de Europa. Hace mucho frío.

Tengo cinco sobrinos. Les hablo poco sobre Europa. Menos de lo que debería. Sobre los países en los que he vivido, la gente que he conocido y que me ha acompañado en mi camino. Descubrir que hay más cosas que nos unen de las que nos separan. Que en cada país me he podido sentir como en casa. El estar orgulloso de mis raíces y aprender de las de los otros. Sus sueños son los mismos, sus preocupaciones parecidas.

Eso es Europa. Una Europa de los ciudadanos.

No podemos olvidar lo que hemos heredado. Somos los nietos y bisnietos de los que hicieron posible una de las mayores revoluciones que ha presenciado la humanidad: la Unión Europea.

Y Europa tiene que estar orgullosa de aquella revolución. Tenemos motivos para estar orgullosos de que la UE (y, por ende, nuestro país) lidere la lucha mundial contra el cambio climático. De haber cerrado puertas a dictaduras y haberlas abierto al progreso. De haber implementado uno de los programas educativos más envidiados y exitosos del mundo: Erasmus. De haber convertido los derechos humanos en parte de nuestro ordenamiento legal….

El de la UE es un viaje que no frena y que no debe dar marcha atrás. Nuestra capacidad de integración, de superación, de progreso, no ha disminuido. Nuestro impulso para ser cada vez mejores, tampoco. Pero, a veces, nos agarrota el miedo. La necesidad de protegernos, el aplazar decisiones desagradables…la timidez del que no está seguro. Ese tiempo ya ha pasado. En pie y a caminar

Es ahora cuando Europa tiene que elegir la esperanza sobre el miedo.

Nada de lo que quiero se va a conseguir mañana. Pero empecemos. Empecemos nosotros.

*Este artículo no refleja la posición u opiniones de la Comisión Europea. El autor lo escribe a título personal. 

Pablo Pérez-Armenteros. Head of Social Media at European Commission. Political communication and strategy-

 

 

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