en China, Ciudadanía, Comercio Internacional, España en la UE, Unión Europea

Manuel Valencia

El que fuera presidente chino entre finales de los setenta hasta los últimos años de los noventa, Deng Xiaoping, preguntó a Mitterrand en los 80 “y Uds, los europeos, que son tan pocos ¿Por qué no se han puesto ya de acuerdo y creado una Europa unida?”. Con esto quiero reflejar que China no entiende a Europa, pero son prácticos y saben que la necesitan porque, en primer lugar, tiene que hacer de contrapeso, de equilibrio confuciano, a Estados Unidos y segundo, porque son el segundo cliente de la Unión Europea y la Unión Europea el primero de China. No obstante, este potencial no se ha desarrollado de forma adecuada, fundamentalmente, porque los chinos ponen trabas a un comercio e inversión normales.

El tercer motivo por el que China necesita a Europa es por nuestra tecnología. Hasta ahora se la hemos vendido barata y China se siente moralmente legitimados a copiarnos en desagravio por pasado colonial y porque “China es un país subdesarrollado”. Sin embargo, les decía en Pekín que 1.3 Trillones de dólares de reservas acumuladas excluyen este punto de vista: han hecho mucho dinero a costa de otros países como para poder argumentar así.

En el 2001, se hace una jugada política bien intencionada aunque errónea: se metió a China en la Organización Mundial del Comercio (OMC) sin estar preparada y con la idea de que poco a poco, se iría abriendo y homologando. No solamente no ha sido así, sino que es al revés. De los 60 países analizados por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), China tiene la economía más restrictiva. El Partido Único llega a todos los sitios. Por ejemplo, en cualquier empresa privada, hay, al menos, un miembro del Partido que domina todo.

Entre los países europeos, Alemania es el gran enamorado de China. En la época del canciller Schroder, se hace una estrategia/apuesta a largo plazo que convirtió a China hoy en su cliente más importante después de Estados Unidos. Por ejemplo, si Alemania tuviera un problema con Rusia, podría subsistir, en cambio, si es con China, sería muy difícil para la económica germana. La actual canciller Angela Merkel viaja tres veces al año a ese país asiático rodeada de Ministros y empresarios. China ha permitido esta especial relación con Alemania, alcanzando una serie de acuerdos industriales con los alemanes a largo plazo.

Sin embargo, se produce un cambio en 2015. Los chinos deciden que los coches eléctricos que ya vienen no se lo van a dar a empresas alemanas, que han desarrollado el parque automovilístico chino, sino a propias, lo que crea una enorme conmoción a los alemanes, y revuelve las relaciones con el país asiático. La Cámara de Comercio Europea en Pekín hace un informe en el 2014, luego seguido por otros, muy negativo sobre el clima empresarial europeo en China.

Europa cambió su actitud con China, implantando medidas que buscan la reciprocidad y con la condicionalidad. En el campo multilateral, reformar la OMC y hacer a China responsable de que juegue las mismas reglas que nosotros. En el bilateral, con un “Comprehensive Agreement of Investment”, controlando las inversiones, que hoy son las europeas en el país asiático, “greenfield”, es decir, inversiones nuevas. Por el contrario, las chinas en nuestra Unión son brownfield en sectores ya desarrollados. Los chinos quieren la tecnología europea pero no abren sus puertas a empresas europeas en China y esto es ya un clamor en el mundo empresarial.

China ha dividido siempre a Europa en la Occidental y los países del Este. Todo país que tenía además problemas financieros, sacaba “cheque chino”, que luego resulta no ser tan generoso. Países como Portugal, Grecia, Italia o los de los Balcanes se beneficiaron de esto. China juega con esa debilidad. Hay que ser muy vigilantes y coherentes en estrategia. China aspira a dividir la frágil unidad europea.

China quiere romper o reformar el “mundo de Bretton Woods”. No cree en él, porque considera que son unas reglas que no conoce y que se le han impuesto. A China, es cierto, hay que hacerle un traje a medida, dada su dimensión, pero con un corsé suficientemente fuerte y rígido para poder controlarla. Es cierto que un país que es el 20% de la Humanidad y segunda potencia económica no puede ser tratado como otro país más, pero hay que ser cauteloso con ella. Ellos argumentan que si el propio Estados Unidos no acepta todas las reglas multilaterales, a ellos les pueda ocurrir lo mismo. Por ello es fundamental lograr un punto de equilibrio.

No obstante, esa negociación compleja y difícil se alcanzará sin tuits ni grandes declaraciones públicas, pero con firmeza y unidad.  China no le gusta “perder la cara” en público. Es algo que está en su ADN confuciano. China es una asignatura pendiente de casi todos los países europeos, quizás con la excepción de Alemania.

Manuel Valencia. Vicepresidente de Técnicas Reunidas Internacional y ex Embajador de China 2013 -2017.

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