en China, Comercio Internacional, Competencia, Unión Europea

– Amadeo Jensana 

El progreso que ha tenido lugar en China en el ámbito de la innovación en los últimos años es notorio. Como ejemplos que señalan esto, la inversión en I+D con respecto al PIB aumentó hasta el 2.2% en el año 2018, el número de aplicaciones para nuevas patentes en el mismo año alcanzó los 1.542 millones y, en sectores como la nueva generación de telefonía móvil (5G), las empresas chinas concentran un 40% de las patentes a nivel global.

Por otra parte, estrategias impulsadas por del gobierno como es el caso de Made in China 2025 marcan un objetivo muy claro, consistente en dominar las tecnologías clave en sectores como la automoción, las tecnologías de la información, la robótica, la medicina o la energía, reduciendo así la dependencia exterior.

Ante estas circunstancias, las oportunidades y los desafíos que se presentan para Europa y sus empresas en los próximos años son de vital importancia para afrontar un futuro cada vez más marcado por el liderazgo en innovación.

En primer lugar, en sectores como las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC) Europa corre el riesgo de quedar en una posición rezagada. Así, mientras China ha creado a gigantes en el sector como Baidu, Tencent o Alibaba (denominados BAT), nosotros seguimos dependiendo de empresas americanas como Amazon o Google en áreas como el E-commerce o los motores de búsqueda por Internet.

Por otra parte, y por lo que respecta a la trasformación digital, las compañías europeas están por detrás de sus competidores asiáticos o americanos, salvo en determinados casos como el alemán. Una parte del problema parte de la propia base de la estructura empresarial en el Viejo Continente, que está formada esencialmente por pequeñas y medianas empresas. El acceso a recursos y la concienciación de adoptar de una forma integral una transformación digital que asegure el futuro de las compañías europeas tiene que ser, por tanto, una prioridad tanto en los diferentes países de la región como en la Unión Europea.

Del mismo modo, podemos decir que Europa tampoco está avanzando en la creación de un ecosistema de startups tan competitivo y dotado de recursos como el chino. En efecto, la inversión que en este país se está realizando en empresas tecnológicas de nueva creación es muy superior a la que se realiza en Europa, hasta el punto de que la movilización de capital privado en China para la creación de startups está ya al nivel de Estados Unidos.

Entre otros motivos, el tamaño del mercado interno en China hace que la escalabilidad de las soluciones aportadas por las startups de nueva creación en este país sea mucho mayor que en el caso europeo. En efecto, la fragmentación existente en Europa no ayuda a que los emprendedores puedan escalar sus proyectos en otros países de su entorno salvo en determinados casos.

Sin embargo, el Viejo Continente dispone de determinadas ventajas competitivas. En primer lugar, en determinados sectores como la automoción las empresas europeas disponen de claras ventajas competitivas con respecto a las chinas, hasta el punto de que el 50% de la inversión mundial en I+D en este ámbito corresponde a firmas europeas.

Por otra parte, en otros sectores como la biotecnología, la inteligencia artificial o la máquina herramienta es también claro el liderazgo europeo, si bien China está invirtiendo grandes cantidades de dinero para reducir la brecha tecnológica existente con respecto a Europa.

Además, la mayor parte de la inversión en I+D en China depende del sector privado (casi un 80%), mientras en Europa la inversión proviene del sector público y privado a partes iguales aproximadamente. En la práctica, esto se traduce en un mayor liderazgo europeo en ciencia básica, generalmente financiado por el sector público.

Por último, Europa ha estado invirtiendo una gran cantidad de recursos en el desarrollo de una estrategia de especialización inteligente, cuyo objetivo principal es que cada región desarrolle su ecosistema de innovación basándose en las fortalezas que tiene en comparación con otras regiones. Este tipo de estrategia está mucho menos desarrollada en China.

En definitiva, la innovación será la principal variable que determine la competitividad de nuestras economías, por lo que el esfuerzo que Europa realice durante los próximos años para la mejora de su capacidad tecnológica será una de las claves de nuestro futuro.

En este sentido, no tan solo la competencia sino también la colaboración con China debería de ser impulsada en condiciones de reciprocidad y mutuo beneficio. Por poner un ejemplo, la puesta en marcha del programa conjunto entre la UE y China para la financiación de proyectos de investigación conjuntos dentro del programa marco Horizonte 2020 es una excelente vía para acercar a la comunidad científica de ambas partes con el objetivo de desarrollar una estrategia común en determinados ámbitos como pueden ser la lucha contra el cambio climático, las ciudades inteligentes o el transporte y la movilidad, entre otros.

Amadeo Jensana. Director del departamento de Economía y Empresa de Casa Asia.

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