en China, Ciudadanía

Manuel Valencia

Dicen que el primer viaje que hace uno a China, cuando vuelve, quiere escribir un libro sobre el país; en el segundo, aspiras solamente a dar una conferencia; y en el tercero, te callas porque te desborda la complejidad del mundo chino. Cuanto más lo conoces, más cauto eres.

En España, China es algo exótico, lejano e indescriptible, pero en otros países, y muy especialmente en Estados Unidos, es algo muy importante. Antes de que empezase la crisis del Covid-19, en el periódico The New York Times, – un periódico demócrata – de las cuatro noticias en portada, tres eran sobre China. Así, te das cuenta de que Estados Unidos está obsesionado con este país y con lo que ocurre en él: el único punto donde coinciden demócratas y republicanos es frenar China. Los americanos muestran miedo, preocupación y despliegan toda la panoplia de actividades del soft power USA porque se dan cuenta de que es ella quien llega a quitarles el trono, aunque, personalmente, creo que va a tardar bastante porque Estados Unidos tiene una serie de ventajas y flexibilidades que China va a tardar en adquirir.

En España, pero también en el resto de países europeos, el desconocimiento sobre el país era tal que los Embajadores, cuando íbamos de visita a “casa”, teníamos que dar conferencias sobre qué es China. ¿Cuál es el motivo? ¿La lejanía? Hay muchos países lejanos. Para mí, China no es solo un país, es algo más, recoge el 20% de la humanidad en un solo país y es la única civilización ininterrumpida desde hace 4.000 años. El mundo es totalmente diferente para un chino que para nosotros occidentales. Además la República Popular China de hoy es otro imperio más de su historia milenaria y ahora el emperador de la dinastía roja se llama Xi Jinping.

El primer mandato de Xi Jinping se ha centrado en la lucha contra la corrupción y la introducción del “Chinese dream”, un concepto perspectiva de lo que quiere que sea China en el futuro. Para ello, se basa en el apoyo de los 90 millones de personas que forman el Partido Comunista, perfectamente organizadas y donde existe una meritocracia que hace que la gente ascienda en el escalafón en función de sus capacidades (y quién no lo esté, no sube). Tal es así que hoy en el Comité Permanente politburó, de las siete personas que lo forman, sólo dos son descendientes de antiguos líderes, el resto provienen de las juventudes y han empezado desde abajo haciendo de todo.

Es una meritocracia bien preparada. En este momento, China tiene un régimen político que es como una especie de Confucianismo, (repescado por Xi Jinping después de haber sido denostado por Mao Tsetung,) y además hacen uso de la Inteligencia Artificial de última generación para controlar a 1.400 millones de personas que conforman la sociedad china. La legitimidad actual del P.C. se sustenta en que ha sacado a 600 millones de personas de la pobreza y un fuerte nacionalismo, que ha sustituido el pensamiento revolucionario de Mao, y que se apoya en la vuelta del país al escenario mundial tras dos siglos de decadencia. China está volviendo a ser lo que era, “el país del centro”.

Incluso, las minorías chinas en otros países de Sudeste asiático tienen cierto respeto a la República Popular porque “China is back”, parafraseando a nuestra ministra de Asuntos Exteriores. La gran diferencia de los Imperios chinos en los últimos 500 años y el de ahora es la presencia activa en el exterior, obligada por razones económicas.

Las anteriores características parecen simples, pero es importante aprehenderlas bien porque China no es otro país más y no entenderlo provoca que responsables políticos y económicos occidentales cometan errores de grueso calibre, por ejemplo, con la bolsa de Shangái, que cayó de forma estrepitosa en 2014, y muchos hablaban de gran crisis económica, pero eso no tuvo ninguna importancia ahora, la podría tener en un futuro, pero hoy no. La gente que juega en bolsa es una minoría rica. Si acaso su caída provocará menos ventas de Ferraris en China. El verdadero motor de la economía china es el Partido y el poder del Estado.

Igualmente, la idea de Opinión Pública y Democracia son totalmente ajenas a la mentalidad china: nunca China fue demócrata y nunca tuvo ni opinión pública ni prensa libre, por lo que pueden vivir perfectamente este periodo actual sin que les afecte lo más mínimo. Incluso la familia es diferente a la nuestra, ya que, generalmente, es pactada por los padres y lo afectivo es secundario, es una máquina de producir dinero, desde la abuela hasta el último niño. Todos piensan en esto. Es un mecanismo imparable como acabamos de ver en el gran salto que China ha dado.

Pero, ¿qué ha permitido el gran avance de China desde 1980? En primer lugar, la mano de obra barata, sustituida hoy tras la subida de salarios por la gran escala del mercado, que les permite ser competitivos. En segundo lugar, tiene capital financiero muy barato porque el Gobierno controla los cincos grandes bancos que agrupan todos los ahorros de los chinos, (porque no tienen Seguridad Social y el dinero ahorrado lo meten en el banco) y que el gobierno lo canaliza a los proyectos, públicos o privados, que cree conveniente.

En tercer lugar, a pesar de la entrada en la Organización Mundial del Comercio (OMC) en 2001, es un mercado cerrado con muchas trabas burocráticas: tu producto lo puedes exportar a China pero se va parando en distintos sitios y al final, no lo puedes vender. Estás sujeto a la potestad de poder, que controla qué productos necesitan y cuáles no. Y solo necesitan los que le faltan porque no creen en la diversificación de la economía. Solo creen en crear empleo. Primero copian y ya hoy están dejando de copiar para inventar. Están empezando a crear por ellos mismos a gran velocidad, pero todavía cosas derivadas, no originales. El ejemplo americano del emprendedor que se encierra en un garaje y crea algo nuevo sería impensable todavía por el sistema piramidal y respetuoso del maestro de educación china.

En cuarto lugar, son las exportaciones muy agresivas en precio y distribución. Y por último, se ha basado en el carácter industrioso del pueblo chino, acostumbrado a trabajar, como vemos en la colonia china en España, de 200.000 personas donde no hay mendigos chinos en nuestras calles.

Manuel Valencia. Vicepresidente de Técnicas Reunidas Internacional y ex Embajador de China 2013 -2017.

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