en Políticas de la UE

– Elsa Carrasco Tortosa – 

En 2015 y 2016, la Unión Europea (UE) se sometió a uno de sus mayores retos: más de un millón de personas llegaron a las costas europeas huyendo de la guerra en Siria y otros países con el objetivo de empezar de cero o reunirse con sus familias y encontrar un trabajo digno.

Muchos de ellos procuraron recurrir a vías legales, por ello el número de solicitantes de asilo en la UE durante estos dos años alcanzó los 2,5 millones. Según fuentes de Eurostat, 593.000 de estas solicitudes fueron aceptadas en primera instancia en 2015, es decir, más de la mitad, así como en 2016, donde el 61% de los solicitantes obtuvieron el derecho de asilo, e incluso algunos de ellos recibieron el estatuto de refugiado, el nivel más alto de protección internacional. Con este reconocimiento el “refugiado” no sólo obtiene protección jurídica, sino material.

Durante los primeros nueve meses de 2017 Europa ha recibido, aproximadamente, un total de 156.000 inmigrantes, lo que representa casi dos tercios menos que en 2016. Además, la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) prevé que para finales de este año el número de personas que llegue al continente europeo no supere los 200.000, aproximadamente, lo que supone una diferencia abismal comparado con el número de personas que han llegado al continente europeo desde 2013.

Ahora bien, ¿qué ocurre con todas aquellas personas que no consiguieron pisar tierras europeas? ¿Y todos aquellos que, aun pisándola, no obtuvieron o no obtienen el derecho de asilo o condición de refugiado?

Durante el año 2015, alrededor de 2,2 millones de personas residían de forma ilegal en la UE puesto que no se registraron de forma debida al Estado en el que residían o, por otro lado, directamente dejaron al Estado miembro responsable de tramitar su solicitud de asilo. En 2016 la cifra disminuyó a 984.000. Sin embargo, muchos de ellos fueron expulsados debido a que sus solicitudes de asilo fueron rechazadas. Según las noticias del Parlamento Europeo del pasado julio, un total de 533.000 personas fueron expulsadas de la UE en 2015, aunque sólo un 43% de ellas abandonó la Unión tal y como se les encomendó. Al año siguiente, sólo la mitad de los 494.000 ordenados regresó a su país de origen.

Aunque eso no lo es todo. Hay quiénes ni siquiera llegan a cruzar el mediterráneo. Se calcula que alrededor de 2030 personas perdieron la vida durante los primeros meses de 2017. Por no hablar de los años precedentes. Se estima que, en 2016, 5.022 personas perdieron la vida en el Mediterráneo, y en 2015, 3.771.

¿Qué soluciones ofrece la UE?

En términos generales, para hacer frente a este problema de migración irregular, la UE ha actuado con el uso de sistemas como el fortalecimiento de la seguridad fronteriza, el refuerzo del sistema de asilo, la promoción de la integración de los refugiados en los Estados miembros, así como la mejora de la política de retorno, además del acuerdo con Turquía pactado en 2016 para la devolución de todas las personas inmigrantes irregulares que llegan a Grecia a través de Turquía. A su vez, la UE ha desarrollado mecanismos y ha triplicado sus recursos para mejorar su capacidad de búsqueda y salvamento en el Mediterráneo, así como para luchar contra las redes delictivas que se derivan. En 2015 y 2016, se llegaron a salvar más de 400.000 vidas, y fueron capaces de capturar más de 2.000 traficantes, por lo que se retiraron 375 embarcaciones.

A pesar de estas medidas establecidas, es evidente que la UE se encuentra actualmente ante la peor crisis migratoria sin precedentes desde el final de la Segunda Guerra Mundial. También es cierto que ha sido necesario adoptar instrumentos de emergencia porque la política colectiva europea no ha dado buenos resultados ni ha estado a la altura de los esperado. En otras palabras, tal y como afirmó para EL TIEMPO Salvador Llaudes, investigador internacional del Real Instituto Elcano: “Si quisiéramos un titular del porqué de la crisis, más allá de las guerras, es la ineficiencia de un sistema migratorio macro”. Es decir, ante la incapacidad europea para gestionar de forma común la crisis migratoria, los Estados, individualmente, buscan soluciones como el cierre de fronteras o el trato a los refugiados, sin intenciones de proponer una salida conjunta que ponga fin a esta crisis.

¿Pone en peligro la crisis migratoria la libertad de circulación en Europa?

Recordemos que el espacio Schengen fue consolidado con el objetivo de permitir la circulación libre, rápida y cómoda de personas, bienes y servicios, que, a su vez permitía una conexión mucho más eficaz entre sus miembros, fuese por tierra, mar o aire. Con las medidas unilaterales establecidas por los Estados miembros frente a la crisis migratoria, se está poniendo en peligro la supervivencia del espacio Schengen de libre circulación de personas. Tal y como señaló Jean-Claude Juncker, presidente de la Comisión Europea, el espacio sin fronteras Schengen se encuentra ante una situación de “riesgo de supervivencia”, puesto que los Estados reintroducen – a su manera – controles fronterizos para intervenir en los flujos migratorios.

Muchos son los debates que han generado tensiones a raíz de esta cuestión. Por una parte, la UE insiste en la necesidad de reformar el espacio Schengen y adaptarlo a las nuevas necesidades con el fin de hacer frente a la situación de migración masiva, principalmente proveniente de Siria, Irak y Afganistán. Para otros, la solución sería establecer una consistente política de asilo común, y a partir de un acuerdo entre Estados, crear espacios donde se atribuiría el estatuto de refugiado, o más bien dicho, campamentos para éstos.

Por otro lado, y desde una perspectiva más razonable, están los que defienden la idea de reestablecer la normativa europea con el fin de garantizar un trato justo y equitativo a quienes hayan solicitado el derecho de asilo de forma regular y, al mismo tiempo, asegurarse de que cada Estado miembro aporte de forma proporcionada una solución, sin que haya decisiones unilaterales que puedan perjudicar la libre circulación de personas propias del espacio Schengen. Además, los eurodiputados también insisten en la necesidad de llegar a pequeños empresarios con el fin de incentivar la contratación de inmigrantes, medida que, juntamente con la anterior, harían efectiva la regulación de las migraciones constantes en Europa, así como terminar, de una vez por todas, con el cierre de fronteras individuales de los Estados y fomentar la búsqueda de una solución conjunta.

Elsa Carrasco Tortosa. Alumna del Máster en Relaciones Internacionales del Instituto Universitario de Estudios Europeos.

– Parlamento Europeo, Noticias http://www.europarl.europa.eu/news/es/headlines/society/20170629STO78629/la-respuesta-de-la-ue-a-la-crisis-migratoria

– Eurostat, Statistics Explained, “Asylum statistics” http://ec.europa.eu/eurostat/statistics-explained/index.php/Asylum_statistics

– Comisión Europea, “Bruselas, 13.5.2015 COM (2015) 240 final” https://ec.europa.eu/home-affairs/sites/homeaffairs/files/what-we-do/policies/european-agenda-migration/background-information/docs/communication_on_the_european_agenda_on_migration_es.pdf

– El Tiempo, “Las 5 encrucijadas que se enfrenta la Unión Europea, por Andrés Ruiz, de 6 de febrero de 2016” http://www.eltiempo.com/archivo/documento/CMS-16502858

– El Confidencial, “¿La muerte del espacio Schengen? Los controles fronterizos vuelven a Europa, por Gloria Pivetal, de 15 de septiembre de 2015” https://www.elconfidencial.com/mundo/2015-09-15/la-muerte-del-espacio-schengen-los-controles-fronterizos-vuelven-a-europa_1018315/

 

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