en Políticas de la UE

– Belén Becerril Atienza – 

Lo cierto es que, en este caso, éramos más pragmáticos que los ingleses”. Con estas palabras recordaba Jean Monnet su viaje a Londres, en mayo de 1950, para tratar inútilmente de ganar el apoyo británico a la primera Comunidad Europea. Los franceses, decía Jean Monnet, ofrecíamos una base y un método de discusión, pero los británicos planteaban toda una serie de problemas particulares, “reales o imaginarios, actuales o caducos”.

También en estos tiempos, y de nuevo en relación con Europa, el célebre pragmatismo británico parece ausente. Hasta que David Cameron convocó aquel referéndum en 2016, pocos británicos mencionaban la Unión Europea entre los problemas que más les preocupaban. Hoy, sin embargo, este debate, planteado por los Brexiteers en términos de sentimientos y de identidad, ha fragmentado por completo a la sociedad británica.

Durante más de dos años, buena parte del debate público, en otro tiempo tan admirado, ha estado más cerca de la fantasía que de la realidad. Pero el tiempo se acaba, y el 29 de marzo, día en que el Reino Unido dejará de ser un Estado miembro de la Unión, se aproxima. Si para entonces no ha entrado en vigor el acuerdo de retirada, no habrá período transitorio y el Reino Unido se encontrará al borde del precipicio.

Tras superar el 12 de diciembre la moción de confianza planteada desde su propio partido, la Primera Ministra se mantiene al frente, pero queda por delante la tarea, aún más difícil, de lograr que el Parlamento británico apoye el acuerdo negociado con la Unión antes del próximo 21 de enero, último día que permitiría su entrada en vigor a tiempo.

En contra del acuerdo de May se pronuncian en Westminster los Brexiteers más combativos (denominados extremistas por el Ministro de Economía, Philip Hammond), como Jacob Rees-Mogg o Boris Johnson, que parecen dispuestos a abandonar la Unión sin acuerdo antes que apoyar el texto negociado por la Primera Ministra.

También están en contra los partidarios de un nuevo referéndum, que ven con optimismo cómo los sondeos indican que la opinión pública apoya cada vez en mayor medida la permanencia. Muchos de ellos podrían estar dispuestos incluso a arriesgar una salida sin acuerdo, con la esperanza de forzar un nuevo referéndum que diese una oportunidad a la permanencia. Hace unos días, la reciente sentencia del Tribunal de Justicia, que ha confirmado que el Reino Unido podría revocar unilateralmente el artículo 50, es decir, retirar la solicitud de retirada sin necesidad del acuerdo de los veintisiete, ha dado alas a los Remainers.

El 29 de marzo se acerca. Esperemos que lo poco que queda, en lo que a la política europea respecta, del pragmatismo británico, y el sentido de responsabilidad de los miembros del Parlamento, basten para salvar al Reino Unido del peor de los escenarios, una retirada sin acuerdo. Y en lo que respecta al futuro de la Unión, no está de más recordar las palabras de Jean Monnet cuando sus amigos británicos le preguntaban en 1950 si Francia se comprometería con Alemania sin el Reino Unido:

“Deseo de todo corazón que se comprometan en esta empresa (..). Pero, si no fuera el caso, seguiríamos adelante sin ustedes; y estoy seguro de que, siendo realistas como son, se ajustarán a los hechos cuando comprueben que hemos tenido éxito”.

 

Belén Becerril Atienza. Subdirectora del Instituto Universitario de Estudios Europeos de la Universidad CEU San Pablo.

*Una versión previa de este texto fue publicada el 14 de diciembre en El debate de hoy: https://eldebatedehoy.es/politica/brexit-adios-al-pragmatismo-britanico/

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